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Coronavirus: cuando el enemigo son los otros

centro de menores de Piedras Redondas
centro de menores de Piedras Redondas

El miedo a la enfermedad y la xenofobia, un cóctel explosivo que ha llevado a difundir en las redes fotografías de un menor contagiado de covid

El virus que provoca la covid-19 puede contagiarse con dos simples gestos: abrir el portal de nuestro edificio y tocarse la cara, si entre ambos movimientos no media un lavado a conciencia de las manos o el uso de gel hidroalcohólico. El más mínimo descuido en los cientos de pequeñas acciones que realizamos a diario puede llevar a cualquier ciudadano a engrosar el parte diario de contagiados por coronavirus y, sin embargo, para un sector de la población la irrupción de la pandemia ha supuesto carta blanca para convertir al ‘otro’ en el enemigo.

El ‘otro’ resulta especialmente peligroso si viene de fuera: de fuera de los límites de nuestro barrio, de nuestro pueblo, de nuestra provincia o de nuestro país, según nos convenga. Algunos advierten desesperadamente del peligro de rebrotes por la llegada de turistas o la llegada de pateras, como si el virus se hubiera ido de Almería en algún momento, desde aquel fatídico 28 de febrero en el que se detectó el primer caso en la provincia. Aquel primer caso fue el de un muchacho que acudió al hospital, pero nadie podría decir hoy, a ciencia cierta, cuántos casos habría ya en Almería por aquella fecha.

La xenofobia –el miedo a los extranjeros– y el propio miedo a una enfermedad hasta ahora desconocida se han mezclado estos días, dando lugar a un cóctel explosivo: el del todo vale. Todo vale, hasta el punto de publicar en la calle y en las redes sociales las fotos de un chico adolescente, menor de edad, que está contagiado de covid, pero no lo sabe.

Al chico, de 15 años de edad, llegado en patera a Almería y que se marchó del centro de protección de menores sin que estuvieran listos todavía los resultados del test que le habían hecho, le han dicho de todo. En un foro vinculado a Vox han llegado a escribir: “si cuando lo pillen le meten un tiro en la cabeza, arreglado”.

Nadie consentiría que las fotos de un hijo suyo de 15 años de edad corrieran por las redes sociales o se colgaran de las farolas, con la excusa del coronavirus. La pandemia exige responsabilidad individual, no una cacería contra el otro. Urge una vacuna contra el coronavirus y otra para no perder el sentido común.

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